Te miras al espejo de lado y no te reconoces.
Juegas con tus hijos y a los cinco minutos vas sin aire.
Has empezado mil dietas. Has pagado gimnasios que no pisaste. Has probado la rutina que te pasó un amigo. Y todo ha acabado igual: en nada.
Y mientras tanto te repites la frase más cara de tu vida: "ya no tengo edad para esto".