Y lo peor es la voz que te dice: "ya no tengo edad para esto".
Pero te voy a decir algo, después de más de 10 años ayudando a hombres como tú: no te falta fuerza de voluntad. Te falta un plan claro, hecho para un hombre de tu edad y con tu vida, que no te obligue a vivir en el gimnasio ni a comer como un monje.